Mi padre era un hombre sencillo. La gente sencilla, como mi padre, poseen valores claros y nítidos. Valores imprescindibles que, a lo largo de la historia, se han ido traspasando de generación en generación. Son valores basados en el sacrificio, el trabajo y el esfuerzo. Todo en beneficio de la familia: esposa e hijos. Los valores sencillos no tienen grietas. No son relativos. La bondad o la maldad no pueden ser relativas. Todo sacrificio y esfuerzo tiene su recompensa. La virtud y la nobleza no se obtienen por derecho, sino por merecerlo.
Mi padre sufrió la guerra y la postguerra. Huyó de la miseria con la finalidad de proporcionar un futuro mejor a su familia. Se afincó en Cataluña sin renunciar a sus orígenes. Nunca quiso regresar de forma definitiva a su pueblo: era un hombre agradecido.
Los convulsos años que le tocó vivir le enseñaron que por encima de las ideologías estaban los hechos; los hechos de las personas. No hay ninguna idea que justifique el hambre, la miseria, la muerte, la destrucción y la desolación. Mi padre, como toda esa generación, lo aprendieron a la fuerza. Ellos y solo ellos, son los auténticos héroes anónimos del progreso y la evolución de la sociedad española. Lo son gracias a su trabajo y a su capacidad de perdón. Su capacidad para la convivencia. Ellos son los que nos enseñaron a ver lo absurdo que era una guerra fraternal. Ellos han hecho todo lo posible por evitar caer en los mismo errores.
No hemos aprendido mucho. Los valores sencillos están denostados.
Mi padre tenía defectos. Claro que sí, muchos. No era un hombre perfecto. No pretendía serlo. Tampoco pretendía ser un falso intelectual. Quería vivir. Quería disfrutar con las cosas sencillas. Quería dar un futuro a sus hijos. Intentó inculcarnos esos valores y creo que se puede sentir orgulloso, en buena medida lo consiguió.
Mi padre era un hombre sencillo. Era un hombre bueno. Se fue sin hacer ruido, de forma sencilla. Esto pretende ser un homenaje a todos esos hombres y mujeres que, como mi padre, no creían en la grandilocuencia actual. Creían en vivir y dejar vivir. Creían en las cosas sencillas y cotidianas. Se conformaban con vivir.
No importa de dónde seas, sino no cómo seas.
No importa lo que hagas, sino cómo lo hagas.
Gracias,
Carlos